“Para los invasores fue más complicado conquistar zonas del Caribe, en donde la selva se erguía como una vasta frontera difícil de penetrar, con un clima insoportable, indios bravos y riquezas quiméricas.”
—Centroamérica, Luisa Pardo y Lázaro G. Rodriguez, Lagartijas Tiradas al Sol, 2024
El indio no es el que mira usted en el catálogo de turismo,
cargando bultos o llevándole comida a la mesa.
Tampoco el que ve desde la ventanilla y pide monedas haciendo malabares,
ni el que habla una lengua muy otra y resiste fríos nocturnos.
No, el indio está adentro, y a veces se le sale, acéptelo,
aunque lo entierre en apellidos, aunque lo socave bien
y niegue su manchita de infancia, ahí está, acéptelo.
Y si aparece esa agua rancia, voraz, el aguardiente que inflama,
ya verá que se le sale,
el indio empuja con su fuerza de siglos, emerge ardoroso y se le sale,
con lo guardado,con lo que dura doliendo.
No, no es otro, el indio soy yo, a ver, repita conmigo.

